Tubos para vivir
Entonces sentí como me colocaban el tubo, frío, blando. Entró lento por mi boca, hasta lo más profundo de la garganta, me quede ahí quieta, no quería moverme para no lastimarme. Era una sensación extraña, de invasión a mi cuerpo, tendría que acostumbrarme tarde o temprano, todo era cuestión de tiempo: mañana estaría como siempre sentada en la oficina, con mi tubo nuevo, incomodándome un poco. Después de unas semanas olvidaré que lo tengo puesto.
Ayer investigué sobre gente como yo, todos parecen tener una vida normal, algunos hablan de lo difícil que es al principio acostumbrarse a ciertas cosas, como comer, hacerlo a un lado con cuidado para lavarse los dientes y sobre todo lo molesto de mantener la boca entre abierta todo el día. Después de un rato, dicen, ya te lo puedes retirar para dormir, y ponerlo tu misma al día siguiente. La sensación es mas bien incomoda sobre todo al verme al espejo y descubrirlo saliendo de mi boca.
-Sí, tengo la laringe destruida.
Parece gritar.
V.L.O.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario